viernes, 5 de agosto de 2011

EDGARD BAYLEY, OSCURECE

En medio de millones de deshabitantes,
alrededor del fósforo intermitente de las palabras,
con ceremonias de escaleras mecánicas que conducen al tedio,
a la insurgencia mordaz, a la raiz de plástico de los semaforos,
en el aires que amamanta las campanas,
tu rostro se divide en senderos contrarios.

El porvenir de las palomas está en otra parte.
Se podría decir que tus camisas asumen otras desobediencias.
Las manzanas salpican con su páramo blanco
cuadernos arbolados y guardapolvos ténues.
Hasta esta menudencia de primavera es todo colobrí,
salteando cubiles de agosto y ensordecedores diarios.

El sol entra y sale de los cuerpos disímiles.
Mis deberes molares, mis nudos cervicales,
mis reductos oníricos, mis pisadas de andar en libertad
acompañado, y todo esto, las propiedades bioquimicas del Paraná, sudando,
como un rugido de fondo, con sed y hambre de justicia y de barcos...
se demora en tu voz.

Salud de islas en cuarentena.
Salud de piedras parturientas.
Salud de barracas políglotas.
Mira la ciudad del acuerdo. Su torax pantagruélico,
su dicción ocular, su estrella devorada.
Como el perro que desiste de la indefensión del mundo
y se come los restos del feto en el baldío,
alrededor de los ojos la vigilia sacude sus nuevos contingentes.
Y no sabemos ya en qué mujer recala el relato de las canoas.
Su vals costero. Su proximo desobe.

Entre estas cosas tampoco sé la serenata de los muertos,
y en definitiva no sabré sonreir a partir de tus ausencias,
a poco de iniciar la horda de papel y el espejo florecido en el zapato roto.
Hasta donde el rostro se bifurca en el aire
con un sillon enorme de fragancia enlutada.
Ya no sabremos dónde hace su coma nómade
Alicia, ni dónde se acuesta por amor a sí misma,
dónde sueña cercada, dónde pone su metáfora recíproca
al pronunciar de nuevo su exilio de prole sacudida hasta tu soledad.
Pero dónde al fin sube la rosa interlineal del tango numeroso?
No se ya cuántos años hace que olvido dulcemente donde queda
la palabra Buenos Aires.
A veces la confundo con la palabra smog.
Otras veces con un cortejo neutro, filial, resvaladizo, impávido.
A veces pasa un cuervo con un hombre dentro
y tengo miedo de que también se borren tus poemas
como los puñetazos de los célibes contra la eternidad.

                                                                                      Nahuél Ceró / 13 de agosto de 1990.-