domingo, 22 de abril de 2012

ESQUIRLAS DEL ESPEJO AFROGUARANI

 (Deiisita Guzman y Maria Jose Kiwi)

Esquirlas de un espejo afro guaraní: taipero
Que desciende los domingos al malvón del cuchillo,
Catador de cardales y de resurrecciones,
Verde azul y celeste y torbellinos en la boca de serenatas
Del amanecer que cuelga de las ramas, acordeón de barrancas
Que mi hermano sembrara con su rostro
por hacerse mirar, por ser milagro.

Necesario común, comunero del agua,
impostergable espuma del suceso que retoma luceros por morada,
Pescador pre boreal: habrase visto tanto alambrada humano
En un sólo latido, medio espalda de luna,
Medio pecho de sol y tantos sueños construyendo un arado
Para poder vivir.
Pontón de cuerdas bermejas,
Geografía juglar de los cascotes,
Honda del vientre de la rosa sapiente y milagrera,
Hermanada en la fuga de distancias.
Y los lamentos de los se fueron y que no volverán.
Y que tuvieron frío por camino y por costumbre porque se los vio.

Esquirlas de un espejo afroguaranì: curtiembre del albedrío,
Tabacalero biseñor y condicente, bebedor de la espuma
De la vida y de la muerte, machetero plural,
Manos bisiestas y pies atolondrados en la inclemencia
Del primer surco rumbo al exilio.

Esquirlas de un espejo afroguaranì: máscara de aromas
Que mana leche y miel y polvaredas,
Ranchería del amanecer que desastilla el grito del carau,
Y por debajo de la canción, sin nada que decir,
Oráculo de los esteros: primavera.
Sin nada que agregar: verano. Y las piedras
Tomadas por oración de las caderas de un pueblo
Que nos vio en nuestra desnudez: posta de la razón
Donde los sueños comieron y bebieron del legado subtropical
Para llenar de danzas primigenias al hijo y a la hija
Del subsuelo guaraní.
Desvelo del preámbulo gutural
Sobre el rastro de raíces de la lluvia
Una vez que las palmeras en el erial ardiente
Visitaran los párpados del Otro amanecer.
Memoria del fósil interrogante
Uniendo a los recados de la siesta
El aseo acuoso de los ojos en que por una vez
Depusimos la tienda de campaña.
Fe en la tribu de labios paulatinos
Posados y entrelazados como en la plegaria
Sobre el cuerpo deshecho de paisajes anteriores.
Fe de mayoría de edad y cabelleras izadas en palmerales.
(Una herida como una calle única de un pueblito demasiado
Lejos, astillado en un tronco genealógico
Cuyas ramas ahuyentan la espera de los astros
Y la voz, apretujada en su sabor a polvareda,
Descontento de la realidad y de sus mapas superpuestos
Infinitamente, rumbo a la uniformidad
De la uniformidad.

Una herida que sirva de morada: tijera cautelar
Y arruga del espejo en el lugar exacto donde se posa
El rostro y acuña una sonrisa.
He aquí la gesta y la rebelión en cada gesto y su secuencia de sudario engañoso,
Su innecesario puerto de fantasma asilado en el habla.
A veces pasa como un ademán una paloma
Escrita en otra parte y un celo de cenizas
Como gran polvareda se levanta del vientre de un pueblo
Demasiado lejos.)
Del vértigo azul y asombro asomado a los esteros
Sonsacaron mis padres sus cuidados, olvidados al fin.
Quién sabe cuánto tiempo prófugo de sí
Para encontrar su transparencia
En la tierra que visten y reconfortan.
Develación de canoas deambulando por un trozo aromático,
Aderezados de espumas en la boca del grito de las barrancas.
Esquirla s de un espejo afroguaranì: vinieron o se fueron,
Prorrumpieron de golpe como el arco iris,
Entre la guayaba y el timbo y con el poncho retobado
Cebaron los delirios de las resolanas que invaden las vigilias.