martes, 10 de enero de 2017

LA LOCA DE ISLA CERRITO



     ESTE RELATO ES REAL. Creyentes o no creyentes, lean hasta el final este relato y sabrán de fuerzas poderosas ocultas en el cerebro de cada ser humano.
Fue en el año 1978 en la capital de mi provincia, Corrientes. Allí viví un año antes de exiliarme y luego volver al país para radicarme definitivamente en Bs,As. Conocí una dama paraguaya de unos cincuenta años, viuda, sola, abandonada por los hijos que crió y una enorme dignidad. Trabajaba en Corrientes y los fines de semana viajaba, en canoa, hasta Isla Cerrito, donde tenía su casa. No se por qué estaba convencida de que yo tenía poderes sobrenaturales. Como yo conocía las costumbres populares paraguayas por haber vivido en ese país algunos años, atribuí sus dichos a una suerte de pensamiento mágico y me reía. Ella decía que yo mismo ignoraba esas fuerzas y que sin darme cuenta le había ayudado con sólo tomarle la mano una vez. Un día me busca y de manera vehenebte me pide que ayude a una joven de Isla Cerrito a quién creían loca o endemoniada. Yo le dije que deberían hacerle atender con un psiquiatra. Me respondió que sus familiares se habían endeudado buscando sanidad para la joven, sin resultado alguno. Me rogó que fuera a verla. Mi respuesta fue negativa, incluso le dije que no era creyente y era ridículo que para curarla invocara un dios que no estaba en mí. Lloró e imploró que le acompañara un fin de semana. Decidí ir. Cruzamos el Paraná rumbo a Isla Cerrito, un lugar retraído en el tiempo en donde se festejaba una festividad patria, paraguaya. Caminamos algunos pocos kilómetros por un terraplén y llegamos a una chacra, Allí nos esperaba una señora con dos de sus hijas tomando tereré. Me invitaron a sentarme a lo que me negué, diciéndole que quería ver a su hija supuestamente enferma. Me señaló una puerta de su rancho largo, como los ranchos de adobe y techo de paja, como aquel en que me crié. Sentada en su humilde cama estaba ella, la loca de Isla Cerrito. Era una muchacha hermosa, trigueña, de larga cabellera melancólica, los ojos perdidos en el suelo y sus manos en oración entre sus rodillas. Vestía un camisón blanco y estaba descalza, señal de que la habían sacado de la cama y preparado por mi llegada. Mi amiga me había advertido que la joven había perdido el habla, estaba paralítica, no quería alimentarse y se habían resignado a verla morir lentamente. Me senté a su lado. Le dije que venía de lejos porque supe de élla y quería decirle pocas cosas y quería que me escuche. Tomé una de sus manos y le pedí que me mirara a los ojos, Lo hizo, LE DIJE QUE NO ESTABA  LOCA NI ENDEMONIADA NI ENFERMA. QUE SÓLO ESTABA PROFUNDAMENTE TRISTE PORQUE SUS SUEÑOS NO SE HABÍAN CUMPLIDO. De sus ojos enormes comenzaron a caer lágrimas. Agregué que venía a decirle que sus sueños ahora se cumplirían, pero eso quería decirlo ante su madre. Pregunté su nombre y me respondió con naturalidad ALICIA. Le invité a que me acompañara a hablar con su madre, Se puso de pie y saló al patio, caminando con absoluta naturalidad. Su madre y sus hermanas se pusieron a llorar porque creían estar ante un milagro. A su madre le dije cosas que hizo que me viera como un sanador loco. Dije que su esposo estaba trabajando en Cristo Rey y vendría en una semana y luego volvería a marcharse, que vendría luego de quince días al recibir noticias de que Alicia iba comprometerse. Cuando dije que en pocos días un  joven vendría a pedirla en matrimonio, la mujer la miraba como si Alicia regresaba de otro mundo. Alicia sonreía con una bondad de campesina, segura de que yo decía una verdad indiscutible. como quien despierta de una pesadilla. Le recomendé que tuvieran la casa limpia y en orden como yo la hallé y que Alicia debía levantarse temprano y sentarse bajo ese paraíso y tomar sol en la huerta de la casa. Les prometí que volvería dentro de un mes y aseguré que entonces Alicia ya no estaría allí. Me querían pagar de algún modo y yo le dije que no fui por dinero. Antes de un mes mi amiga paraguaya me buscó y casi enloquecida de asombro me gritó :  TODO LO QUE DIJISTE SE CUMPLIÓ.  Fui al mes de mi primer visita. La madre de Alicia me miraba como a Cristo y la gente al verme pasar se apartaba en un silencio reverente. Otra vez la madre de Alicia quizo que aceptara algún pago. Yo re respondí que Alicia NUNCA ESTUVO ENFERMA Y QUE YO SÓLO DIJE LO QUE ME DICTARON SUS  OJOS.  Mi amiga intentó convencerme de dedicarme a curar personas yno pudo comprender que yo jamás podría sanar a una persona enferma.